Europa lleva dos años construyendo la arquitectura financiera más ambiciosa que ha tenido nunca para su industria de defensa. El problema no es que los instrumentos no existan — es que la mayoría de las empresas españolas del sector aún no saben con precisión cuáles les corresponden, cuándo actuar, ni cómo combinarlos. Y en este ecosistema, llegar tarde tiene un coste concreto: los consorcios se forman antes de que abran las convocatorias, y cuando los plazos se activan, los espacios ya están ocupados.
Más informaciónPerú elige presidente por 759 votos, pero la oportunidad en defensa ya está sobre la mesa. El caso de los F-16 demuestra por qué la continuidad no espera al resultado.
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