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New Space español: cuando la tecnología llega antes que la estrategia


Según el informe elaborado por PwC para TEDAE, la industria espacial española facturó en 2024 un 14,9% más que el año anterior, alcanzando 1.293 millones de euros y generando 22.745 empleos. Son datos que hace una década habrían sonado a ciencia ficción para un sector que operaba casi exclusivamente en la órbita de los grandes contratistas públicos europeos. Hoy, España fabrica satélites, desarrolla lanzadores propios y opera constelaciones en órbita baja con clientes en decenas de países. El logro es real y merece reconocimiento. Pero precisamente por eso conviene señalar con claridad el siguiente frente, porque será el que decida cuáles de estas empresas convierten su ventaja tecnológica en posición de mercado duradera y cuáles se quedan a mitad de camino.

Un sector que ha llegado lejos, rápido

Varias noticias de los últimos doce meses ilustran mejor que cualquier análisis lo que está ocurriendo.

En marzo de 2026, PLD Space cerró una ronda Serie C de 180 millones de euros liderada por Mitsubishi Electric, con participación de COFIDES, CDTI Innvierte y Nazca Capital, el mayor fondo español especializado en defensa. En septiembre de 2025, Kreios Space — startup viguesa fundada en 2021 — cerró una ronda de 8 millones liderada por el NATO Innovation Fund: la primera inversión del fondo de innovación de la OTAN en España. Y en febrero de 2026, PLD Space y Sateliot firmaron el primer contrato para una misión espacial privada íntegramente española, con el lanzamiento de dos satélites Tritó a bordo del Miura 5 previsto para 2027.

Todos ellos, aun con perfiles distintos — lanzamiento orbital, propulsión en órbita muy baja, conectividad 5G-IoT —comparten un denominador común: los tres están en tránsito hacia el uso dual, o ya dentro de él.

Y ese tránsito tiene sus propias reglas, sus propios plazos y sus propios costes. Reglas que pocas empresas del sector conocen con la profundidad que el momento exige.


La regulación: un cuello de botella 

La tecnología dual se define como aquella capaz de servir a propósitos civiles y militares indistintamente — desde drones y satélites hasta software sofisticado de análisis de datos o encriptación. Las regulaciones internacionales, como el régimen de controles de exportación de la Unión Europea, buscan equilibrar la innovación con la seguridad global, requiriendo autorizaciones previas para transferir estos bienes con potencial militar. 

El uso dual no es un concepto nuevo, pero su aplicación a la industria espacial comercial sí lo es en la práctica. El Reglamento UE 2021/821 — actualizado mediante el Reglamento Delegado UE2024/2547 de septiembre de 2024, que por primera vez incorpora categorías específicas para tecnologías espaciales — establece el régimen de control europeo para exportaciones y transferencias de productos con potencial militar. En España, este marco convive con la Ley 53/2007, concebida en un contexto tecnológico que no anticipaba el nano satélite comercial con capacidades de defensa.

La combinación de ambos marcos genera problemas concretos. El primero es la clasificación del producto en el tiempo: un sistema diseñado para agricultura de precisión puede incorporar capacidades — resistencia al jamming, comunicación en zonas sin infraestructura terrestre, imágenes de alta resolución — que lo reposicionan en categorías sujetas a control de exportación. Si la empresa no lo ha anticipado en su arquitectura de cumplimiento, el problema no llega con aviso previo: llega cuando un contrato ya está firmado.

Por otro lado nos encontramos con el  problema de la gestión de exportaciones multipaís. Cuando una empresa opera con clientes de diferentes países y continentes, la cadena de cumplimiento normativo es radicalmente más compleja y cara de lo que cualquier plan de negocio de fase temprana suele contemplar. La licencia española no equivale a autorización en destino. Los plazos, los requisitos de certificación y las restricciones por usuario final varían de forma significativa entre jurisdicciones.

Por último nos encontramos con el acceso a financiación pública de defensa. Los instrumentos europeos más relevantes— el EDIP, el Fondo Europeo de Defensa, los mecanismos de la EDA — exigen estructuras de gobernanza auditables y acreditaciones de seguridad que la mayoría de las scale-ups no tienen en el momento en que más las necesitan. El resultado es que las empresas que llegan mejor preparadas acceden al capital estratégico antes. Las demás aprenden sobre la marcha, pero tardan meses en poder reaccionar.


La expansión internacional

La conversación pública sobre el New Space español tiende a centrarse en tecnología y financiación.

Lo que ocurre cuando llega el momento de vender de forma sistemática en mercados concretos recibe mucha menos atención. Y es, sin embargo, donde se gana o se pierde la posición de mercado.

PLD Space, con capacidad prevista de más de 30 lanzamientos anuales a finales de la década, opera en una cartera de clientes globales con marcos contractuales, requisitos de homologación y estructuras de responsabilidad distintos en cada jurisdicción. Su acuerdo con Mitsubishi Electric no es solo financiero: es estratégico, porque le abre el acceso al mercado asiático con el respaldo de un fabricante local de primer nivel. Eso es exactamente lo que significa internacionalizarse bien.

América Latina es, en este contexto, un mercado de alto potencial y alta complejidad para las empresas espaciales españolas. La ventaja lingüística y cultural es real, pero no suficiente. Brasil, México, Colombia, Chile o Perú no son un mercado único: son cinco marcos regulatorios de telecomunicaciones distintos, con estructuras de contratación pública diferentes y dinámicas institucionales que requieren interlocutores con conocimiento de las dinámicas políticas locales, redes de interlocución con organismos gubernamentales y capacidad de estructurar acuerdos que funcionen en el marco jurídico de destino. Las empresas que acceden a través de distribuidores locales sin presencia institucional propia ceden el control de su posicionamiento — y, con frecuencia, de sus márgenes.

En definitiva, la experiencia en esos mercados nos previene de que estos acuerdos no se construyen desde la distancia. Una buena estratégia va a determinar si una empresa entra en dieciocho meses o en cinco años.

Europa presenta una complejidad diferente pero igualmente real. Los mecanismos de acceso a la ESA, a GOVSATCOM o a los instrumentos del EDIP no son neutros: favorecen a quienes conocen sus estructuras de gobernanza, sus plazos reales y sus criterios de elegibilidad. En ambas geografías— LATAM y Europa — la internacionalización real no es una función de ventas. Es una función estratégica  que combina conocimiento regulatorio, relaciones institucionales y capacidad de estructurar acuerdos que funcionen en el marco jurídico de destino. 


Gobernanza: el activo necesario que no aparece en el pitch deck

Hay una dimensión que raramente aparece en los análisis del New Space y que en la práctica resulta determinante: quién forma el órgano de gobierno de la empresa y qué sabe hacer realmente.

Los organismos de defensa — en España y en Europa — no evalúan únicamente tecnología. Evalúan con quién trabajan. El NATO Innovation Fund, al elegir Kreios Space como su primera inversión en España, no valoró solo la tecnología ABEP: valoró que representaba, en palabras de su propio equipo, una "capacidad crítica para la seguridad europea". Eso es una evaluación institucional, no solo técnica.

Un consejo de administración que demuestre comprensión real del marco regulatorio de defensa, acceso institucional verificable y experiencia concreta en mercados internacionales complejos reduce el riesgo percibido por el cliente público, acorta los ciclos de aprobación y facilita el acceso a contratos que de otro modo requieren meses adicionales de due diligence institucional.

Dicho de otra manera: la madurez institucional se construye antes de necesitarla. Las empresas que ya la tienen cuando llegan a las conversaciones decisivas avanzan. Las que empiezan a construirla en ese momento llegan, pero llegan tarde. 

España, sin duda, tiene empresas con tecnología suficiente para ser actores relevantes en el NewSpace europeo de defensa. Lo que falta es que la conversación sobre regulación, expansión internacional y gobernanza alcance el mismo nivel de sofisticación que la tecnológica. 



Miriam Herrero | CEO, J&H Consulting Group. Consultora en defensa e industria estratégica.